Luciano Riolfo

Mi nombre es Luciano Riolfo. Soy de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. Me recibí de Técnico en Comunicación Social en Paraná, capital de la provincia. Actualmente trabajo en la administración de una empresa y por las tardes, me dedico al estudio.

Fuimos a conocer la historia de la institución que se erige en la ciudad desde el siglo XVIII y aún está en plena vigencia.

 

En todas las culturas, el templo, la iglesia, siempre tenía una valoración clave para la vida de la comunidad, porque es un modelo terrestre de la concepción trascendental. Gualeguaychú no es ajena a ese proceso, por eso es necesario mencionar la historia de un lugar trascendente por excelencia, la “Catedral”.

La parroquia se creó el 28 de septiembre de 1780. La fundación de la ciudad fue en 1783, esto demuestra que tres años antes de constituirse como localidad, este espacio ya tenía iglesia propia.

El primer sacerdote de la ciudad fue Francisco de San Bernardino. Esta parroquia conserva el primer libro de “Bautismos y Casamientos” con datos del año 1766. El primer bautismo que efectuó este sacerdote fue el 3 de mayo de 1766 a una niña llamada María Josefa de la Cruz, y el primer matrimonio fue en el mismo año, pero el día 6 de agosto y la pareja era Francisco Solano Martínez y María Josefa de los Santos.

Siguiendo el rastro de la historia de la parroquia, alrededor de 80 años después de su creación ,el 6 de octubre de 1860, se terminó la construcción de la iglesia “San José”, que luego se convertiría en Catedral, y como párroco estaba Dionisio Martínez. La obra se realiza bajo el padrinazgo de justo José de Urquiza. Los planos fueron confeccionados por Francisco Poncini y hay que observar que la catedral no posee un estilo arquitectónico definido aunque su estructura es una cruz latina. Se puede asegurar que en materia de estilo, todo caso, posee varios estilos. El 30 de mayo de 1863 se bendice la piedra fundamental del nuevo templo, nombrando como padrino de la ceremonia al Gobernador Justo José de Urquiza.

En 1890, siendo párroco Luis N. Palma, y sin que estuvieran sus Torres, se inauguró la Iglesia “San José”. Ubicado en la calle de nombre homónimo, entre Urquiza y Luis N. Palma, este edificio religioso consta de un altar mayor y 5 altares en sus laterales. En el templo se encuentran los restos de los obispos Chalup Bogler y además de los párrocos Martínez y Palma.

La Diócesis de Gualeguaychú se creó el 22 de febrero de 1957 por bula del Papa Pío XII. A partir de este hecho, la Iglesia “San José” pasó a ser “Catedral”. En cuanto a las imágenes de los patrones, la catedral tiene una riqueza artística e histórica muy importante. A manera de ejemplo, la primera imagen de Nuestra Señora del Rosario fue tallada a mano por los habitantes de los pueblos originarios del Paraguay, pintada con tintura de los árboles.

En cuanto las Torres, inicialmente fueron construidas por un arquitecto de apellido Delfino en 1910. Contaban con una altura de 50 metros, pero en 1959 (49 años después) se detectaron fallas en su estructura y frente a la posibilidad de derrumbe, debió ser modificado por los Ingenieros Gómez Cattaneo y Pérez Tiribelli. Las torres se terminan de construir en 1965 y tienen una altura de 40 metros, 10 menos de las proyectadas originalmente.

El reloj de la Catedral fue fabricado en Francia por la casa Prost Freres,  adquirido en 1910, este aparato es mecánico y cuenta con campanas de bronce para marcar las horas, como también las medias y los cuartos. El 15 de agosto de 1928 el Padre Borques bendice la Campana mayor con el nombre de María José.

Otro elemento importante es el órgano, que fue construido y armado por el músico y organista Enrico Vercelli, en colaboración con Carlos Usac, entre 1926 y 1929. Este instrumento cuenta con 2.200 tubos, además de la consola y tres teclados traídos de Alemania.

La catedral también posee documentación clara y esencial para rastrear las primeras huellas de la región. El archivo parroquial posee un valor religioso e histórico y es de permanente consulta. La experiencia  de habitar un espacio sagrado permite comprender la fundación del mundo, espacio donde lo real se vuelve trascendente y lo trascendente es algo cotidiano.

COMPARTIR
0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *