Luciano Riolfo

Mi nombre es Luciano Riolfo. Soy de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. Me recibí de Técnico en Comunicación Social en Paraná, capital de la provincia. Actualmente trabajo en la administración de una empresa y por las tardes, me dedico al estudio.

En sus comienzos, fue uno de los lugares de más carga y descarga. Actualmente, es un paseo que todos los ciudadanos hacen a diario.

El Puerto de Gualeguaychú ya no tiene ese trajín comercial de antes, aunque el ocio recreativo y su nuevo rol turístico lo hace tan intenso como en sus días de gloria.
Siempre ha sido clave para toda comunidad de Gualeguaychú. No sólo porque generaba una intensa actividad comercial, sino también porque a través de sus fuentes de trabajo alimenta la identidad de la ciudad.

El puerto está muy identificado, y lo estuvo siempre, con el resto de la ciudad. Es más, durante más de un siglo fue el corazón de la vida comunitaria, por donde entraba y salían todos los pasajeros, la mercadería, el comercio. Y por eso fue en un tiempo el centro comercial de la ciudad.

En Gualeguaychú, el puerto ha dejado de ser ese lugar de trabajo por excelencia, pero se ha convertido en un paseo público como pocos rincones de la ciudad. A lo largo de la historia de Gualeguaychú, hubo una transición en lo que respecta al puerto. Ya que, en sus principios, lo principal era lo relacionado al comercio y a la actividad marítima. Pero en la actualidad, el lugar está para relajarse, pasar un rato diferente. Son fines de recreación y de turismo, algo muy distinto a lo ocurrido en los tiempos de su creación.
Los registros de la ciudad datan que el 22 de junio de 1854, el Puerto de Gualeguaychú figuraba como de segunda clase, es decir, puerto hábil para el comercio exterior y no para depósito. Esta última actividad fue incluida recién en 1866, casi 20 años después.
Cuenta con una superficie de casi 21.000 m2, su construcción es de hormigón armado y de durmientes.

Pero el actual puerto se remodeló en el año 1952. Llegó a ser durante el siglo XIX el más importante puerto de cabotaje del país, cuando toda la actividad comercial estaba centrada en el movimiento portuario. Los actuales galpones fueron construidos en los años 1936-1937, y en la década del ’80 el puerto comienza a perder movimiento. Es, a partir de esta fecha, donde los ciudadanos comienzan a darle un valor más turístico.
En el centro del puerto se ubican los Galpones fiscales, que son grandes naves edificadas en mampostería con techo de zinc. Cuentan, además, con aberturas metálicas y corredizas sobre rieles. Actualmente, como no hay comercio, los Galpones se usan para que los alumnos de las escuelas de la ciudad puedan construir las carrozas. También es el lugar donde se disputan partidos de futsal y, en algunos casos, bandas musicales realizan sus shows.
Un aporte histórico a tener en cuenta es que en 1852 el General Justo José de Urquiza firma el Decreto que otorga la “libre navegación de los ríos”. Fue a través de esa norma que los puertos comienzan a tener un movimiento incesante que permitió que la economía regional crezca de una manera impresionante.

En la actualidad, lo que era la zona portuaria, ahora se llama “Paseo del Puerto”. Justamente, esto denota que el lugar está para distraerse, pasear, divertirse, compartir en familia o con amigos. Su transición le dio un valor más sentimental y simbólico que el motivo inicial de su construcción.

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